Lo que entregas a tu relación: ¿temor o Amor?

Día a día, el temor va desplazando silenciosamente al Amor en el corazón de las personas, las parejas, las familias y las comunidades enteras. Lo delicado es que el miedo casi nunca se presenta de frente; se disfraza con astucia de precaución, de un rígido «así soy yo y nadie me va a cambiar», o de una fría independencia. La respuesta terapéutica y espiritual ante esto no es endurecer más tu armadura ni aislarte en tu castillo; es tener la valentía de encarnar una red de Amor y permitir que otros entren en tu vida. Hay personas que sienten que no necesitan a nadie y, por huir de la vulnerabilidad, terminan completamente solas, como Andrés, o que manejan bien sus emociones en lo cotidiano pero no se atreven a llevar sus heridas ante Dios, como Carlos. Por eso, esta guía es una orientación abierta sobre el apoyo mutuo y la comunión en el Amor de Dios, para continuar juntas tu hermoso acompañamiento en Misión de Amor.

A lo largo del camino hemos visto tantos temores que destierran al Amor y justifican el distanciamiento. Parece que hemos olvidado que somos una expresión viva de la ternura de Dios, diseñadas para transformar y abrazar este mundo con su misericordia. Por eso, el Padre Juan Marcos Cadena, nuestro director espiritual, nos lanzaba una pregunta que aún resuena en el eco del alma: “En la Misión de Amor, ¿qué sigue? ¿A dónde llegarán las personas cuando encuentren nuevamente a su espíritu? ¿Qué harán cuando su vida viaje espiritualmente en el mundo?”. Desde Cristo, la respuesta que el Espíritu Santo susurra ante las sombras del mundo es clara: vayan por la tierra y den la buena noticia de que el Amor se hizo carne para que nosotros también encarnemos el Amor de Dios. La respuesta es decidirnos a ser una “red de Amor” fundada por el mismo Señor, para que todos seamos uno. Tenemos en nuestras manos todo lo necesario para tejer esos hilos, lanzar la red y transformar el paisaje.

Escucha el ruego íntimo de Jesús al Padre en el Evangelio de Juan 17, 20-21, que sostiene este llamado a la comunión:

No ruego sólo por ellos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti; que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Te invito hoy a dar un paso concreto y decidirte a encarnar esta red. Te propongo un ejercicio de labranza espiritual: ponte en contacto con al menos seis personas esta semana; cinco de ellas serán hermanos con quienes decidas mantener una comunicación fraterna, y la sexta alma serás tú misma en tu diálogo interior. Al menos una vez a la semana, míralos a los ojos o hazles llegar un saludo para compartir tus hallazgos en el Amor. Una red sana es aquella que perdona, que tiene compasión, que saluda con alegría y que entrega una flor de atención a quien tiene al lado. Lancemos esa red que decide levantar al caído, consolar al triste, visitar al solitario, dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Seamos manos que arropan al necesitado y testimonios vivos que guían al confundido, encendiendo luces en este mundo ensombrecido.

Bien dice el refrán popular que una mano lava a la otra, y las dos lavan la cara. Recoges los frutos de esta red cuando regalas una sonrisa sincera, un saludo afectuoso o un presente sencillo que esté en tus manos; cuando compartes el pan de tu mesa y los dones que el Cielo te ha confiado. Ahí decides entregar el valor que nos hace verdaderamente humanos: das el Amor. Teje estos hilos para habitar, desde ya, el paraíso en la tierra; un espacio donde reine la voluntad del Padre, donde decidas negar el egoísmo y abrazar cualquier sufrimiento con tal de transformar el entorno al caminar al ritmo de Cristo.

Sin importar la religión, la creencia, el lugar o el momento tormentoso por el que estés pasando, grábate esto en el espejo del alma: nadie es tan pobre que no pueda dar un destello de Amor, ni nadie es tan rico que no lo necesite. Incluso el enfermo en su lecho, el desposeído, el doliente, el poderoso, el pillo y el villano… todos guardamos una reserva de Amor para tejer esta red que abraza al planeta. Nos une el Amor, y tú lo sabes muy bien en tu interior. Goza la pesca de esta red. Deja que el Amor traspase tu conciencia, tus razonamientos y tus emociones; que se exprese en la salud de tu cuerpo y en el rostro de quien cruza tu camino.

Acepta tu misión en la tierra. Un Amor que nace del Amor original, que se extiende para unir la separación mediante la reconciliación, que se libera al perdonar la ofensa y que se levanta de su parálisis para comenzar a vivir de verdad. Amar al Padre Nuestro —origen, camino y destino de tu existencia— y amar al prójimo, sabiendo que tú eres su hija amada y que Él espera que también aprendas a amarte a ti misma. Lleva la red mar adentro. Usa tus dones y haz realidad esa fuerza que vive en ti y te alienta. Hay tantos contactos donde puedes extender tus ramas, tantas herramientas que puedes aprovechar y tantos seres humanos esperando ser rescatados por tu red de amor. El mejor mensaje eres tú misma; eres la mensajera y el Amor encarnado. Cuando miras la vida desde el espíritu, descubres que en el corazón del conflicto se esconde el secreto para alcanzar tu máximo potencial. Recupera el contacto con tu ánimo original, rompe las barreras del aislamiento, suelta los miedos y los resentimientos; muévete hacia adelante con el alma en paz, amor y libertad. Eres una semilla bendecida por Dios para multiplicarse en la tierra.

DESTINO

Tu siguiente paso en este sendero puede ser escuchar el relato de Andrés«no necesito a nadie y me siento solo» — o mirar el reflejo en la historia de Carlos«estoy presente sin que nada te toque».


Tal vez quieras ahondar más en: soledad · comunión

Y si necesitas hablarlo con alguien, escríbeme: juanmanuel@misiondeamor.com.mx o por WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *