Enfrenta tus miedos, cargas en el alma una ofensa que nunca terminó de sanar. Al mirarte al espejo, noto cómo has disfrazado esa herida con una armadura reluciente de fortaleza; te repites en voz baja: «no te rindas», «da más», «camina erguida», «tú puedes con todo». Sin embargo, tus ojos reflejan el cansancio de sostener ese peso.
Hermana, sanar y enfrentar el dolor no es resistir con más fuerza ni ensordecer el alma con más exigencias. Enfrentar es tener la valentía de bajar la mirada hacia el interior, contemplar el miedo y soltar el rencor que te nubla la vista, para que el Amor divino vuelva a inundar tus espacios vacíos. La entrada angosta de la que nos habla el Evangelio no es un sendero de mayor esfuerzo o de pasos forzados; es un camino de minoridad, un sendero que se recorre con menos carga. El Señor te pide que dejes en el camino lo que llevas de más, no que acumules más resistencia.
Escucha el eco de tu interior y pregúntate: ¿Tienes una derrota planeada para tus relaciones? ¿Hacia dónde dirigen tus ojos la mirada? A veces nos enfocamos tanto en construir castillos de gloria, seguridad económica o poder, solo para descubrir que al final del día nos quedamos con las manos vacías. Ganar cosas materiales es un horizonte muy pobre para un alma que fue creada para la infinitud.
Estamos en esta Tierra para una misión más alta, clara y luminosa: Amar, Cultivar y Cosechar el Amor. El Señor observa con ternura cada una de tus acciones y la dulzura de tus actitudes; verás su paso en tu vida a través de los frutos de paz que comiences a cosechar. Déjate guiar a ciegas por su luz, cierra los oídos a las voces oscuras que te susurran que no podrás, y aquieta el ruido del mundo para prepararte a recibir el milagro. No necesitas demostrarle nada a nadie; ya eres una expresión viva y bellísima del Amor de Dios, diseñada a su imagen y semejanza, dotada de dones maravillosos. Abre las manos y deja que Dios sea Dios en tu vida. ¿Acaso hay algo imposible para Él?
En la quietud de la oración encontrarás tu verdadero refugio. En lugar de exigirle a tu mente, a tus emociones y a tu cuerpo desgastado que «den más», invítalos a reconciliarse, a respirar y a sintonizar con el latido de Jesús. Cuando sales al mundo con el corazón abierto, dispuesta a reflejar el Amor, los demás se sienten atraídos por esa luz. Haz de tu día un eco constante que repita: “Jesús, en ti confío”.
Camina de la mano del Señor. Enfrenta la oscuridad de tus miedos con la linterna de la fe. Si el camino se siente estrecho, retírate un momento a un rincón de paz a orar por aquellos que te hirieron, limpia tu mirada pidiendo perdón por tus propias faltas y agudiza el oído para percibir la guía del Señor. Estás en el lugar exacto y con las personas precisas que el Maestro ha dispuesto para que entres en sintonía con su voluntad. Saca de tu panorama el temor, el resentimiento y el rencor, y enfoca toda tu atención en descubrir las chispas de Amor que te rodean. Él está contigo, camina a tu lado, abriendo sendero.
Mírate a través de los ojos del Señor. ¿Cuál es el propósito de tu existencia? ¡Amar! Ama con todo tu corazón, con la vibración de tus fuerzas, con el lienzo entero de tu vida. Y si tropiezas o caes en el intento, que no te muerda la vergüenza; ante el Señor te presentarás con las manos llenas de intentos puros, habiendo cumplido tu hermosa misión de amor. Póngase lo que se ponga ante tus ojos, vivirás con la certeza de haber bendecido a Dios por la oportunidad de ser un canal de su gracia. Porque Dios es el Amor, y su mirada siempre descansa sobre ti.
De la mano del Señor, mira al frente y camina. ¿Qué puede ser imposible para el Creador? Jesús, mirándolos con ternura, les dijo: «Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible». (Mateo 19:26) Esta es palabra de Dios.
DESTINO
Tu siguiente paso en este sendero puede ser escuchar la historia de Valentina — «confiar siempre cuesta demasiado» — o mirar el reflejo de Ana — «vivo pendiente de que nada salga mal».
Tal vez tu alma necesite hoy profundizar más en estas palabras: miedo · rencor · soltar
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