Hay personas que caminan con la sensación de que nunca es suficiente, aunque hagan todo bien, como Elena, o que viven con la mirada fija en el horizonte, angustiadas, pendientes de que nada salga mal, como Ana. Por eso, esta guía es un remanso para tu alma; una orientación sobre la calma que tanto buscas en el control y que nunca terminas de encontrar, para continuar juntas tu acompañamiento en Misión de Amor.
Mírate en el espejo de la verdad: tú eres Amor. No necesitas salir a ganarlo ni fabricarlo; ya forma parte de tu esencia divina. Sin embargo, cuando tu mente se nubla buscando seguridad, tiende a buscarla en paisajes que no duran: en el dinero, en el control absoluto y en construir siempre un plan de respaldo para amortiguar el futuro. La verdadera calma no consiste en dejar de pensar con los ojos cerrados, sino en permitir que el Amor, y no el miedo a que falte algo, sea el timón que decida tu rumbo. ¡Deja de mendigar Amor afuera y compártelo! Haz el esfuerzo consciente de atraer ese Amor, que ya habita en ti, al foro de tu conciencia.
Alma mía, el Amor es la sustancia de tu ser, una expresión encarnada de la ternura de Dios. Cuando te atreves a confiarlo y soltarlo al mundo, ese mismo Amor se extiende como un río y te abraza. En cambio, el dinero es solo un acuerdo temporal entre los hombres, una idea que cambia constantemente de manos; cuando lo entregas, desaparece de tu vista, pues pertenece al terreno de la posesión y el poder en la mente. ¿Qué es lo que verdaderamente te da paz? Tener un ingreso te ofrece una tranquilidad pasajera, pero como todo relieve humano, puede cambiar. Esa sola idea del cambio puede llegar a arrebatarte el sueño y despertar la avaricia de acaparar más, ocupando tus ojos en esa tarea y ocultando la luz de tu espíritu en la conciencia. La paz es un fruto maduro del espíritu de Amor que te anima; no tienes que salir a buscarla porque ya está en ti, y para reconocer su brillo lo único que debes hacer es compartirla.
Cuando descubres el Amor, reconoces con claridad tu origen, tu camino y tu destino; tus acciones cobran un sentido eterno. Piensa por un instante: ¿cuándo se origina la idea del dinero en tu conciencia y cuándo se origina el Amor? Su distancia es tan inmensa como la que separa el cielo de la tierra. El rumbo del dinero es borroso e incierto; necesitas alimentar continuamente pensamientos de control para sostener su presencia y sentirte a salvo. Pero el Amor se sostiene solo porque es tu principio y tu fin; para que se exprese desde ti, solo necesitas limpiar el espejo de tu conciencia de todo aquello que empaña su reflejo: el ansia de placer, el hambre de poder y el deseo de posesión del mundo.
Contempla tu estructura: tenemos seis ventanas para conocer el mundo y una sola puerta para transformarlo. La mente, las emociones, el cuerpo, el decir de la gente, la imaginación y los sueños son instrumentos maravillosos para cumplir nuestra misión, pero a veces les cedemos el dominio y perdemos el rumbo. Cuando la mente calculadora domina tus acciones, te vuelves rígida; entonces juzgas, condenas y aíslas el Amor. Cuando las emociones heridas toman el control, los resentimientos y los rencores dictan tus pasos, alejándote de la unión. Cuando el cuerpo y sus padecimientos dominan el camino, te miras débil y enferma ante el mundo, ocultando la energía que te da vida. Cuando el murmullo de la gente y las suposiciones gobiernan tu presencia, tu caminar se vuelve vago, discriminando y tambaleándote entre los pensamientos ajenos. Cuando la imaginación desbocada controla tu conciencia, surge la niebla de la ansiedad por resolverlo todo, los celos y la depresión como una batalla de ti contra ti misma, olvidando el Amor que te sostiene en la verdad. Y cuando los sueños confusos toman el dominio, tu paz se turba al apartar los ojos del camino real.
Que sea el Amor quien gobierne tu vida. Cuando el Amor domina tu conciencia y tus acciones, tu espíritu se hace presente y eres verdaderamente tú. Desde tu centro, el Espíritu de Dios se extiende por el paisaje que habitas, te miras en su ternura y encuentras pie firme para amar a tu prójimo y a ti misma. En el Amor, dar es recibir. Escucha la voz del Maestro y haz lo que te pide.
Asómate a lo que nos narra el Santo Evangelio según San Mateo 22, 34-40:
“Cuando los fariseos se enteraron de que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos, doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mandamiento principal y primero. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen la Ley entera y los Profetas»”.
Esta es Palabra de Dios.
DESTINO
Tu siguiente paso en este sendero puede ser escuchar el relato de Elena — «siento que nunca es suficiente aunque haga todo bien» — o mirar el reflejo en la historia de Ana — «vivo pendiente de que nada salga mal».
Tal vez quieras ahondar más en: control · perfeccionismo
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